Tratamiento

Los fármacos que modifican la enfermedad

 

TratamientosPara ciertas personas, el diagnóstico de Esclerosis Múltiple (EM) proporciona cierto alivio, puesto que brinda un nombre y una explicación a toda una gama de síntomas extraños. Para otras, dicho diagnóstico despierta imágenes de mal pronóstico. Probablemente, ambas reacciones se atenúen con el tiempo, pero para toda persona con EM, el día del diagnóstico es el día en que su vida cambia para siempre.

Antes de que pueda asimilar totalmente dicha noticia, la persona con Esclerosis Múltiple deberá tomar una decisión sobre el uso de ‘fármacos modificadores’ de la enfermedad. Hay unanimidad en la comunidad científica de que estos fármacos son más eficaces cuando se comienzan a tomar tempranamente, y antes de que la enfermedad haya tenido tiempo para realizar daños significativos.

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Tratamientos: TTO: nuevos, sintomático y RHB

 

Se distinguen habitualmente los tratamientos dirigidos a modificar la evolución natural de la enfermedad, de los que se destinan a paliar la presencia de síntomas que interfieren en las actividades cotidianas o las complicaciones. Además no hay que olvidar el tratamiento rehabilitador.

El tratamiento del brote es la corticoterapia. No debe autotratarse, la forma de administración o su indicación siempre son criterio del especialista.

Aunque aún no disponemos de un medicamento capaz de "curar" la EM, ello no significa que no tenga tratamiento. La evolución de la enfermedad varía mucho de unos a otros pacientes. En las formas remitentes-recurrentes, la utilización del interferón beta reduce el número y la intensidad de los brotes, además de aumentar el intervalo de tiempo hasta las siguientes exacerbaciones y parece que frena la carga lesional (medida a través de la resonancia magnética). Además también se ha demostrado que el interferón beta retrasa la progresión en las formas secundariamente progresivas.

TratamientoEl copolímero, que es un polipéptido sintético, se ha observado que es beneficioso en formas remitentes-recurrentes y tiene un efecto positivo reduciendo la acumulación de nuevas lesiones en el cerebro, objetivadas a través de resonancia magnética. Si bien ya está aprobado en Estados Unidos y algunos países de Europa, todavía no está comercializado en nuestro país.

Además existe el tratamiento con fármacos inmunosupresores como la ciclofosfamida, ciclosporina, mitoxantrona y azatiopirina, los cuales no han demostrado una efectividad clara.

Últimamente y basándose en que en la enfermedad el sistema inmunológico participa en la producción de la lesión del sistema nervioso, en diversos centros de Estados Unidos y Europa se están llevando a cabo trasplantes autólogos de precusores hematopoyéticos (es decir, a grandes rasgos, consiste en recoger de sangre periférica del paciente un tipo de células y destruir el sistema inmunológico con fármacos apropiados). El papel del trasplante es todavía hoy objeto de estudio y en la actualidad aún no existe mucha experiencia en pacientes con EM.

Recientemente, otro medicamento modificador del curso de la enfermedad, el natalizumab (cuyo nombre comercial es Tysabri), ha sido autorizado en España, para el tratamiento de ciertos tipos de EM remitente recurrente y progresiva secundaria en los que ha demostrado una alta eficacia.

Tratamiento Sintomático: Disponemos de una gran cantidad de medicamentos y de terapias capaces de mejorar muchos de los síntomas asociados con la EM. Es por ello que estos tratamientos se denominan sintomáticos.

La espasticidad puede tratarse con miorrelajantes, baclofeno (oral o intratecal), tizanidina, toxina botulínica, además de la rehabilitación y la cirugía. El dolor se tratará dependiendo de su causa. Así pues, la carbamacepina es el tratamiento de elección de las disestesias dolorosas y otras manifestaciones paroxísticas. El signo de Lhermitte y la neuralgia del trigémino también pueden responder a la carbamacepina.

La fatiga puede mejorar con amantadina y derivados de la aminopiridina.

La ataxia y temblor con isoniacida, propanolol, primidona y benzodiacepinas.

Las manifestaciones emocionales también pueden mejorar o desaparecer con fármacos, por ejemplo con antidepresivos para la depresión y ansiolíticos para la ansiedad que puede desembocar la enfermedad. Los trastornos esfinterianos (vesical y rectal) pueden ser tratados con fármacos, técnicas de sondaje y maniobras fisioterapéuticas entre otros. Además el tratamiento rehabilitador intenta conseguir la máxima indepencia física, psíquica-emocional y social.

Estos fármacos, como todos, tienen sus efectos adversos y deben administrarse por indicación facultativa. Simplificar el tratamiento farmacológico es muy difícil, dado que cada enfermo es diferente.

La utilidad de la rehabilitación esta científicamente demostrada por diversos estudios prácticos que evidencian el retraso en la evolución de la discapacidad y las posibles complicaciones, así como la mejora objetiva de las condiciones de los afectados. Un programa de rehabilitación que se inicie en las primeras fases evolutivas puede mejorar el estado general del paciente, prevenir complicaciones y contribuir a la educación del afectado y sus familiares sobre la enfermedad y la mejor manera de convivir con ella. Un buen programa de rehabilitación proporciona beneficios tanto físicos como psicológicos. Si la discapacidad evoluciona se introducen progresivamente ayudas técnicas o adaptaciones para las actividades de la vida diaria. El mantenimiento del afectado, y el apoyo y la descarga familiar son esenciales para conseguir calidad de vida. Los profesionales de la salud implicados en la rehabilitación integral comprenden neurólogos, rehabilitadores, neuro-psicólogos, trabajadores sociales, psicólogos, fisioterapeutas, terapeutas ocupacionales, logopedas, y personal de enfermería especializado.

 

 

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